Comunicación positiva

En mi reintento por bajar los kilos que traigo de más, di con SalaDeli, restaurante familiar con productos artesanales en Ramos Arizpe, Coahuila. Exploré la variedad del menú y elegí ensalada César con salmón, pero me hacían ruido los crotones. Por experiencias pasadas de “no se puede” en muchos establecimientos, pregunté –con cierto temor– a la dueña si podía cambiar los trozos de pan por un ingrediente light, a lo cual accedió de inmediato y me sugirió arándanos.

Para beber había jugo natural, agua de Jamaica y tamarindo, y simple embotellada; ella volvió a aceptar otra petición: agua simple servida en vaso reutilizable, para no contaminar más. Por cierto, pese a mi insistencia, ella no cobró el consumo de dos vasos de agua.

No sé qué disfruté más: la sazón, frescura y abundancia de la ensalada; o la calidez y excelente servicio con el que me atendió de principio a fin Marcela Sadurni, dueña del lugar: me recibió con un gesto amable, preguntó cómo estaba y cuál es mi nombre; se dedicó a ganarme como cliente, tanto que me convenció de romper la dieta –con mucho respeto a mi propósito y sin insistir, la verdad– al ofrecerme su postre de guayaba; no me arrepentí, ante esa delicia el régimen podía esperar.

Una franca sonrisa, el contacto visual permanente, llamar a las personas por su nombre, un interés genuino en las necesidades del otro y la negociación dentro de la filosofía ganar-ganar, son joyas de la corona de la comunicación positiva; esto lo sabe por supuesto un buen vendedor de productos y/o servicios, pero también un líder positivo que busca que sus seguidores consideren, analicen, mejoren y ejecuten sus ideas.

Así como cuando nos percatamos de que a un vendedor le vale un cacahuate nuestras necesidades y solo le interesa hacer la venta para cubrir su cuota de productividad, el colaborador advierte cuando un líder impositivo quiere quedar bien –a como dé lugar– con sus superiores, y utiliza talento y esfuerzo del equipo para pararse el cuello.

Gana la confianza, respeto y fidelidad de tus colaboradores con respuestas activa-constructivas (brindando auténtica atención) y una actitud asertiva ante sus necesidades. Estas habilidades sociales propician la comunicación abierta y positiva en cualquier tipo de relación.

La asertividad es un comportamiento comunicacional en el que la persona no agrede ni se doblega a la voluntad de otros, sino que manifiesta sus emociones, necesidades y convicciones; defiende y hace valer sus derechos, pero con base en el respeto de los derechos de los demás.

Solo un estado interior de autoconfianza y autoestima puede contribuir a fomentar la asertividad y comunicación positiva, y alejarnos de emociones limitantes como ansiedad, culpa, rabia, tristeza o miedo; que propician que actuemos de forma pasiva y/o agresiva.

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