Pigmalión y Galatea en el alto rendimiento

Corría el verano del 89 cuando un grupo de chicas cantó sin calzones en un concierto de coros católicos en la ciudad de Monclova, Coahuila. La aventura ocurrió al probar suerte con la teoría de mi hermana menor –quien soñaba ser diseñadora de modas–: me aseguró que la ropa ceñida al cuerpo luce mejor sin prendas interiores, tal como lo hacen las modelos, para evitar marcas incómodas de las panties.

A ver, pero, ¿qué hacían unas adolescentes “bien” con un uniforme untado al cuerpo –que, por cierto, odiábamos– en un ambiente religioso? La verdad, no lo recuerdo; solo sé que ese día terminamos en un escenario entonando canciones a Dios, sin choninos.

No podía morir sola en el intento, así que aproveché que las demás confiaban en mí y siempre seguían mis locuras; tal cual mi hermana me convenció de que luciría mejor sin bragas, persuadí a mis amigas de que –como nos sentiríamos tan a gusto y seguras– podríamos cantar muy bien y ganar el concurso.

Pues, ¿qué creen? Ocurrió la magia. Nos coordinamos y entonamos a la perfección, y ganamos el primer lugar. El director nos felicitó: “No sé qué pasó hoy, pero cantaron como nunca antes lo habían hecho. Estoy muy orgulloso de ustedes”. Nos volteamos a ver unas a otras con cara de complicidad y alegría.

¿Qué sucedió en realidad? ¿Por qué ese día cantamos con maestría? ¿A poco sí influyó la falta de pantaletas? ¡Obvio no! Lo que pasó en realidad fueron el efecto Galatea (primero en mí) y el efecto Pigmalión (en ellas).

Efecto Pigmalión y Efecto Galatea

El efecto Pigmalión se refiere a cómo la creencia que una persona tiene de otra, ejerce una poderosa influencia en la conducta y rendimiento de la última. Por su parte, el Efecto Galatea, asegura que mientras más convencidos estemos de nuestra capacidad para conseguir una meta, más probable será que la alcancemos. De la misma manera, cuando no tenemos la convicción de ser capaces, aumenta la probabilidad de no serlo. Por tal motivo, estos efectos son temas importantes en el terreno profesional, educativo, familiar, laboral y social.

El mito

Ambos efectos deben su nombre al mito de Pigmalión, rey de Chipre y escultor que se enamoró de una estatua que él mismo esculpió y que finalmente cobró vida. En la obra “Las metamorfosis”, de Ovidio, se relata que gracias a Afrodita, Pigmalión soñó que la escultura cobraba vida. Al despertar, Pigmalión se encontró con la diosa, quien, conmovida por el deseo del rey, le dijo: «Mereces la felicidad, una felicidad que tú mismo has plasmado. Aquí tienes a la reina que has buscado, ámala y defiéndela del mal». Así fue como Galatea se convirtió en humana.

Efecto Pigmalión en las organizaciones

Al igual que Robert Rosenthal, distinguido profesor de psicología –de origen alemán– en la Universidad de California, nosotros podemos probar con éxito el efecto Pigmalión en nuestros centros laborales. Recordemos que tanto las altas como las bajas expectativas que un directivo tiene de su colaborador, tienen impacto similar (positivo o negativo) en el desempeño de este último. Si buscamos incrementar la productividad, cuidemos la comunicación verbal y no verbal que empleamos con nuestros colaboradores. Los líderes que tienen expectativas positivas sobre las demás, generan un clima emocional cálido y afectivo, y facilitan la comunicación, la confianza y el respeto.

Dominio Comunicación: Comunicación efectiva para tu vida personal y profesional. (55) 2212 7220.

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